miércoles, 10 de agosto de 2011

Un gusto es tenerla cerca.

No te das cuenta y estás en el suelo. Levantas un poco la vista, ves un pañuelo al cual lo está sujentado una mano con unos dedos muy finos y observas que en uno de ellos, hay puesto un anillo que no es de su talla. Es un anillo de esos baratos, pero es como de princesita que concuerda con el interior de quien lo lleva. Coges el pañuelo, te secas las lágrimas de las mejillas y cierras los ojos antes de alzar la vista. Piensas que a su lado puedes estar segura, así que te decides a subir la cabeza y mirarla fijamente a los ojos. Te fijas en como se mueven sus labios y al mismo tiempo, oyes algo, unas palabras que si las juntas dicen: Cariño, levántate que te vas a ensuciar. ¿No ves que estoy aquí arriba y que quiero abrazarte?Así que hazme un favor y ponte en pie y abrázame.
Ella obliga a que te levantes y a que sueltes todo lo que tienes dentro..Está ahí para estar a mi lado, no para secarme las lágrimas. Quiere que encuentre yo solita la manera de dibujar una sonrisa en esa cara, para que un día si ella no está, pueda confiar en mí misma. Necesita reírse y si yo no lo hago, ella tampoco va a hacerlo y eso hace que por ella, yo ría y que después, en su día, yo ya tenga aprendido que debo secarme las lágrimas cuando he terminado y después, saber buscar de donde sea, una sonrisilla de esas traviesas.
No creo que dude que me guste tenerla, pero aun así, se lo repito. Quiero creer que sabe que cuando hace tiempo que no hablamos como nosotras sabemos, la hecho de menos. Y también, espero que recuerde que me requeteencanta que me pregunte al tiempo exacto eso de: ¿Qué piensas?.

1 comentario:

Dos caminos distintos, pero paralelos; uno al lado del otro.