sábado, 23 de julio de 2011

Te fuiste, pero estás aquí conmigo.


La facilidad en la que me entiende, la fragilidad en la que la noto dentro de mí a todas partes, en cualquier momento, la impotencia que me llega corriendo cuando me doy cuenta que no puedo verla, la sensibilidad que me viene cuando pienso en ella, la necesidad de poder decirle cuanto la quiero, la ignorancia que le doy al resto de los seres humanos cuando ella se centra en el punto exacto de mi corazón, la inutilidad que le doy a las cosas cuando recuerdo que no está conmigo, el desconcierto que me da sentirme sola si ella no vive, la ternura que siento cuando mis lágrimas caen sobre su fotografía, la adrenalina que se introduce en mi cuerpo cuando oigo como ella está aquí, el egoísmo que tengo con el resto de las personas al reconocer que no puedo hablar de su presencia, la rabia que se fabrica en cuestión de escasos segundos al darme cuenta que ella solo forma parte de un sueño diario, el odio que se va reproduciendo en el centro de mí al ver que entender su ausencia es lo único que me hará superarlo. Cuando todos estos sentimientos se juntan, en los labios, solo se me dibujan las palabras: aunque me haga mayor, te sigo echando de menos.

1 comentario:

  1. Y yo, sé que tu estuviste, estarás y estás, en el cielo, junto a su corazón.
    Te quiere, te quiero.

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Dos caminos distintos, pero paralelos; uno al lado del otro.