jueves, 21 de julio de 2011

El pasado también puede ser presente.

El recuerdo es una de las cosas más maravillosas que un ser humano puede tener. Estás en cualquier lugar, en circunstancias distintas y la compañía puede ser lo de menos cuando zás! recuerdas, ¿el qué? solamente algún recuerdo pasado que quieres pensarlo durante años. Aveces, cuando estás sola en tu habitación o con gente mirando hacia el mar con un auricular en una oreja, pasa, que miles de imágenes te vienen sin avisar a la cabeza hasta que una es la que te da un golpe en el corazón y eso hace que solo recuerdes esa durante minutos. La cabeza es la que piensa en ella y el corazón, el único órgano que nos palpita por dentro, es el que siente y rebobina en el tiempo y sabe exactamente recordar el sentimiento que tenías en el momento de esa imagen dibujada que tienes en tu mente. Puede haber imágenes reveladas o digitales y así, también recuerdas, pero esos momentos que te los imaginas y los dibujas sin necesitar una imagen real en tus manos, son los que cuando te hagas mayor aún recuerdes como si hubiese sido ayer. Recordar puede hacerte llorar, pero también hacer que en un día nublado, salga el sol en un simple instante. Ese verbo es valioso, importante e imprescindible  para uno, ya que es uno de los pocos que hace que tú te alejes del resto del mundo y te centres en tu interior y en el momento en el que piensas.



1 comentario:

Dos caminos distintos, pero paralelos; uno al lado del otro.