¿Dónde queda el despertarme por la mañana abriendo la puerta y dejando que el perrito me suba encima hasta que yo me asuste y despierte, el decirme mil y una vez las pocas ganas que tienes de que yo me haga mayor, la risa esa tonta que nos pegaba a los dos cuando me regañabas, los gritos des de abajo diciéndome que baje a cenar, los golpes que nos dábamos contra la mesa cuando jugábamos a ver quien aguantaba más mientras uno hacía cosquillas, las advertencias de que no llegue tarde porqué no quieres que me pase nada, el beso de buenas noches acompanyado de un hasta mañana mientras me tapabas con la manta, esas risas lloronas cuando mirábamos esa serie de televisión, esos enfados que teníamos porqué no había parado el ordenador mientras me lo habías dicho muchas veces, esos juegos de cartas que me enseñabas hasta que los entendía, o esos consejos de que no estuviera mal porqué mamá me había regañando? Eso ya no está, y en parte, lo hecho de menos porqué me gustaba, me encantaba eso, pero eso no cambia que el presente sea mejor, y que tú seas el único que me advierte antes de que tropieze aún sabiendo que hasta que no me caiga al suelo, no voy a hacerte caso.
Te quiero, gracias.

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Dos caminos distintos, pero paralelos; uno al lado del otro.